Ermita del Santo Cristo

Erigida en el extremo superior de la villa, sobre el Cerro de la Mota, que da nombre al barrio en el que se encuentra, Barrio de la Mota, la Ermita del Santo Cristo es el templo de origen más primitivo y antiguo núcleo original de Labastida. Situado en la parte más alta de la villa, constituye el elemento más característico y singular de la fisonomía de la misma.

Su ubicación en un alto, unida a la palidez de la piedra arenisca con que fue construida, y que contrasta aún más con el verde oscuro de las faldas del Toloño, debió suponer en el Alto Medievo un punto destacado de espiritualidad y devoción, ya que es visible a muchos kilómetros a la redonda, desde los Montes Obarenes hasta las tierras de la Sonsierra.
Lo gótico y lo románico se mezclan en esta ermita con aspecto de fortaleza militar, que fue en sus inicios la parroquia de la población. Sus orígenes datan del siglo

XII. Es una de las construcciones románicas más importantes de la región, destacando su portada románica con arco de medio punto muy abocinado. En su interior, nos llama la atención el realismo y la belleza del Cristo gótico del retablo del altar mayor, realizado en madera policromada y de tamaño casi natural. Nota muy característica de este Cristo es que tiene desprendido de la cruz su brazo derecho.
De la iglesia destaca la portada de estilo románico y en el interior podemos diferenciar claramente dos estilos: en la parte oeste, románico, y en la este, gótico. Cabe destacar igualmente también las hermosas llaves de entrada; digamos que no son las típicas que se pierden y no las ves.
De generación en generación, se han venido transmitiendo diversas leyendas y milagros atribuidos a la imagen del Santo Cristo. Así, se cuenta que, durante una guerra, para evitar que la imagen fuera dañada o ultrajada por los enemigos, se enterró en una heredad y quedó allí olvidada. Pasados los años, un pastor, que se encontraba con su rebaño, notó que sus ovejas saltaban al pacer en un pequeño espacio donde la hierba crecía más alta y fuerte, por lo que decidió cavar en el lugar y allí encontró la figura del Santo Cristo.
Asimismo, en la iglesia se conservan todavía hoy unos lienzos que relatan hechos milagrosos atribuidos a la intervención del Cristo, como sanaciones y otros hechos inexplicables.
El Templo se edificó hacia el siglo XII sobre los restos de una ermita prerrománica, cuya base se puede apreciar en el interior de la iglesia. Al parecer, fue ampliada en el siglo XV para recomponer la parte del templo destruida por las guerras pasadas; volvió a ser ampliada y reforzada hasta adquirir el impresionante aspecto que tiene en la actualidad. Ejerció como Parroquia de la Villa hasta que se trasladó el culto a la Iglesia de la Asunción en el año 1602.
Según investigaciones arqueológicas acometidas recien­ temente en los cimientos y estructura arquitectónica de esta iglesia, el primer templo que se asentó en este lugar fue prerrománico, lo que confirma la existencia altomedieval de Labastida, con funciones defensivas. Más tarde, se construyó una iglesia románica más grande, de la que han quedado la gran portada del costado meridional y una serie de canecillos reaprovechados. En el siglo XIV, según el citado estudio dirigido por Agustín Azcarate, los muros del templo románico se recrecieron y fortificaron con almenas hasta que un incendio a finales del siglo XV o XVI forzó una reconstrucción a comienzos del XVI cegando las almenas y construyendo una nueva cabecera tardogótica de bóveda de crucería compleja de nervadura estrellada.
Exteriormente, lo más apreciable son algunos elementos góticos, como el pequeño rosetón de la fachada occidental y los ventanales de la cabecera, con decoración de tallos secantes que forman especies de cadenas. Pero mucho más importante es su portada tardorrománica. Presenta una estructura típica del románico muy tardío de finales del XII o comienzos del XIII, con numerosas arquivoltas de medio punto que forman una profunda bocina. Las arquivoltas son aboceladas y las doce columnas muestras capiteles muy deteriorados pero donde se adivinan algunas escenas con personajes que desgraciadamente han quedado casi «disueltas» por el paso y las agresiones de los siglos. Mejor se conservan los canecillos empotrados en muro meridional, a pocos metros de la citada puerta. Uno de ellos muestra una cabeza humana, otro, un hombre itifálico y por último, tenemos dos canecillos que muestran parejas de cabecitas humanas unidas, mirando en sentidos opuestos.
Finalmente, durante unos trabajos de restauración en la ermita, se descubrieron algunas tumbas excavadas en la roca del suelo. Como solución, pusieron unos cristales encima y hoy en día es posible pasearte por encima de ellas.
Actualmente la ermita está cerrada al público, se puede visitar mediante los tours que organiza la Oficina de Turismo de Labastida, o en los días de celebración religiosa, entre otros el día de viernes santo, en el calvario, el día del Carmen, el día de San Roque acompañado de
la danza tradicional, y en noviembre en las fiestas patronales de Acción de gracias de la Vendimia, son en honor al Santísimo Cristo.