Desde tiempo remotos

Es conocido que ya en el Neolítico las gentes poblaban lo que hoy es conocido. Así lo atestiguan los dólmenes y diferentes restos. Lo que corresponde a Labastida, pocos restos nos quedan de esta época y anteriores: algunos restos de animales, algunos buriles y lascas que indican el paso de alguna comunidad nómada por nuestra zona.

Recientemente en diferentes excavaciones realizadas en Torrontejo (donde se encuentra la ermita de Labastida) se han encontrado restos de un asentamiento pre-íbero, de hace más de 4000 años. Así lo atestiguan diferentes cerámicas, los restos de un antiguo palacio o la necrópolis descubiertas que sólo son visitables cuando las excavaciones están teniendo lugar.

Durante la época Romana, se reconoce por varios historiadores que por la jurisdicción de Labastida discurría una calzada romana que, partiendo de Briviesca, se dirigía a Pamplona.

De la época Visigótica y Árabe, los textos apenas nos hablan de luchas entre moros y cristianos si bien en Budarón sabemos que había un asentamiento que contaba incluso con una iglesia paleocristiana de la que hoy se pueden visitar sus restos.

Edad Media

Siguiendo la secuencia, en Labastida y su entorno podemos visitar las Necrópolis alto-medievales, denominadas mas popularmente sepulturas, pertenecientes al mioceno y ubicadas en elevados peñascos y cercanos a cauces de agua. De cualquier modo podemos decir que en no menos de cuatro lugares sabemos hoy que existen este tipo de necrópolis, siendo, además, muy posible que las hubiera también en otros sitios. Estas cuatro necrópolis están situadas en los términos municipales de Santa Eulalia, San Martín de los Monjes, cerca de la Fonsagrada y en San Ginés «El Viejo».

De esa época se corresponden también los lagares rupestres. Por entonces se fortifican diferentes asentamientos como lo demuestran los restos de la antigua fortaleza situada sobre el monte al que se le llamó Tolonio, hoy Toloño. En el municipio contamos con lo que llamamos el monte «Castillo» y donde intuímos que en esa época podría haber existido -a falta de estudios más certeros- una pequeña fortificación. Fue alrededor de la plaza del Olmo y la Mota donde se producen los primeros asentamientos, posiblemente obligados por la necesidad de defenderse de las diferentes amenazas.

Labastida continúa bajo la tutela de los monarcas navarros hasta el siglo XIII. Sancho «El Sabio» fundó el templo-fortaleza hoy conocido como la ermita del Santo Cristo. Labastida pasó de pertenecer a Navarra a serlo de Castilla hacia 1.200 como consecuencia de las invasiones castellanas bajo Alfonso VIII por tierras navarras y alavesas. Fernando III concedió el Fuero de la Bastida en 1.242. En 1.379 Enrique II de Castilla donó a Diego Gómez Sarmiento la villa de Labastida la cual tras haber sido durante siglos villa de realengo pasó a ser «señorío». Por aquel entonces Labastida apenas contaba con edificaciones fuera de las murallas.

Podemos resumir que Los primeros años de la Edad Moderna bastidarra van a estar marcados por la unificación de los reinos de Castilla y Aragón y el ingreso de Labastida en las tierras de Álava a finales del siglo XV. Esto posibilita la expansión del municipio «extra-muros» y su crecimiento en importancia como «plaza de mercado» debido a la «obligación» de paso para muchos debido al emplazamiento del municipio, «puerta de Rioja Alavesa».

Época de esplendor

Así, en el siglo XVII Labastida va a disfrutar de los años más relevantes y gloriosos de su existencia. Comienza su esplendor en 1.602 con la inauguración de la Iglesia parroquial Nuestra Señora de la Asunció; en 1.606 se trasladan a la Villa las reliquias de los Santos Mártires de Cárdena. Es una época marcada por el desarrollo económico de la Villa; se mejoran los accesos, se empedran calles y plazas, se construyen fuentes, se adereza el reloj , se reparan arcos, se hace molino nuevo, se crea un mercado en la plaza… Un reflejo de la sociedad española de la época: clasista y presuntuosa.

En el siglo XVIII tras la «Guerra de Sucesión» y la instauración de la casa de Borbón en España, Labastida continúa su época de esplendor y se recrea con sus obras y embellecimiento: se construye la nueva sacristía, el Ayuntamiento, se arregla la plaza, la cárcel, el arco de Larrazuría… Por aquel entonces Labastida era el mayor productor de vino en Rioja, produciendo el 10% del total de la producción. En este siglo resurge la figura de Manuel Quintano, el elaborador del primer «vino moderno» o «vino culto» del Estado, quien merece una reseña aparte. Se estima que la población de Labastida por aquel entonces rondaba las 8.000 personas.

Declive

A finales de este siglo y con la llegada del S. XIX se inicia el principio del declinar bastidiense influenciado por la lucha contra la Revolución francesa. La hegemonía francesa en Europa por tierra, el dominio marítimo inglés y la guerra de la Independencia terminan de dar la puntilla. Las arcas de la Villa van enflaqueciendo y la situación financiera se va minando por completo debido al descenso del precio de venta del vino y la manutención de la tropa francesa acantonada en Labastida durante la guerra de la Independencia. La Villa se ve obligada a vender mucho de su patrimonio, es la desamortización de 1.816.

En la primera guerra carlista (1.833-1.840) Labastida deja entrever su simpatía por el carlismo debido al poder del campesinado, lo cual va a traer funestas consecuencias para la Villa al final de la guerra, a lo cual se le unió un azote de peste y un saqueo de la Villa por los liberales. En 1.855 sufrió la desamortización de Madoz afectando gravemente a la institución eclesiástica. En 1.870 vuelve a sufrir la tercera guerra carlista y tras ella una plaga en los viñedos conocida como filoxera que les arruinó y comenzó la emigración. A final del siglo la economía descendió en proporciones alarmantes ofreciendo Labastida una imagen de pueblo hacinado y moribundo.

El siglo XX empezó como acabó el XIX, las cosechas destruidas por la filoxera, se arranca el viñedo y se dedican parte de sus fincas al cereal, los jóvenes se van a las ciudades industriales y la población desciende. En la guerra civil Labastida se decanta a favor de Franco por lo cual estuvo tomada por tropas italianas aliadas con Franco.

Hoy

El despertar de Labastida ha llegado motivado por dos factores principales: el turismo y el vino hasta dar con el maravillo pueblo que es hoy en día y que recibe con gran amabilidad a «veraneantes» y visitantes.

Manuel Quintano

Manuel Quintano fue un monje que nació en Labastida. Hijo Predilecto de la villa de Labastida es considerado el elaborador del primer “vino culto” o “vino moderno” del Estado.

Manuel proviene de una familia humilde. Su padre, originario de Poza de la Sal se casa con una chica de Peñacerrada cuya familia se dedicaba a la compra-venta de vino y se trasladan a Labastida ya que compraron viñedos. La familia estaba bien posicionada en la corte Real gracias a un tío que se llamaba igual que él y que era el “confesor del Rey”. Así, el hermano mayor, Diego, se convierte en militar y Manuel en sacerdote. Llegó a ocupar el cargo de Dean de la Catedral de Burgos.

Al morir su padre, los hermanos deciden continuar con el negocio vitivinícola. Por aquel entonces concurrían dos circunstancias: Labastida era el mayor productor de vino en lo que hoy es la denominación (producía el 10% del total de la producción), existía mucha competencia, con lo que el mercado del vino no era un negocio muy boyante.

Manuel tuvo intuición de que el vino, gracias al comercio marítimo, iba a ser próspero y se empeñó en cómo exportar vino de Labastida a América. Si no estaba en crianza se estropeaba en el viaje y por eso decidió estudiar el método bordelés que era el que sí que aguantaba.

Consiguió que los curas le permitieran ir a Francia en expediciones financiadas por la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País y se supone que estuvo en algún convento que tenía viñedos y una gran bodega en el Medoc (que no Burdeos exactamente). Su hermano Diego también fue con él en diferentes ocasiones aunque el intelectual, el “ilustrado” era Manuel, y era el que escribía y daba charlas.

Gracias a los viajes de 1785 primero, y 1786 después, y tras -entre otras cosas- haber tenido que comprar barricas en Las Antillas Manuel consiguió elaborar el primer vino al estilo bordolés de la comarca, y enviarlo a América para su comercialización. Fue una empresa tal, que incluso Manuel recibió un premio a su idea por parte de la Bascongada.

El viaje de aquel vino (10 grandes toneles y más de 1000 botellas a América) consiguió el visto bueno del rey con estas palabras: ““El Rey ha visto con gusto la solicitud de Vmd sobre que se le permita embarcar para América y comerciar para el consumo el vino que siguiendo el método con que se hace el de Burdeos ha logrado Vmd que se haga en Labastida, su Patria,..”

Quintano no estuvo solo en esta hazaña. Sin embargo, pese al esfuerzo “ilustrado” por revolucionar los saberes enológicos de la región, acabaría siendo un esfuerzo baldío por varios motivos. Promovido por los vecinos de Labastida se modificó una ley foral que favorecía a los pequeños productores de vino, perjudicando a los Quintano, obligándole a vender el vino (elaborado con muchos más costes) al mismo precio que los demás. Eso le generó problemas judiciales y muchas enemistades. Entre tanto, llegó la guerra de la Independencia con los franceses, se acabó el mercado con América, y los Quintano desistieron de seguir con su negocio. Manuel Quintano, moriría lejos de Labastida, en Llodio, en 1818 tras haber dejado un legado en la elaboración vitivinícola, casi 100 años antes de la aventura que iniciarían Marqués de Riscal y Pineaud.

Legado que el Ayuntamiento de Labastida mantiene vivo desde que se cumpliera el 200 aniversario de su muerte mediante la celebración de numerosos eventos bajo la marca “Quintano Labastida”.